La personalidad
se define como todos los rasgos emocionales y conductuales relativamente
estables y predecibles, que caracterizan a una persona. Estos rasgos
y conductas determinan la manera, que cada uno posee, de relacionarse
con los otros y de enfrentarse con el mundo.
Según el Dr. Theodore Millon (reconocido especialista de los
trastornos de la personalidad), la personalidad es vista hoy como un
modelo complejo, de características psicológicas profundas,
que son generalmente inconscientes, que no pueden ser erradicadas, y
se expresan automáticamente en cada faceta del funcionamiento
individual. Sus rasgos, intrínsecos y persistentes, emergen de
una complicada matriz de disposiciones biológicas, del aprendizaje,
de percibir, razonar y enfrentar las situaciones y a los otros.
La normalidad de la personalidad se refleja en la flexibilidad y adaptabilidad
con que un sujeto se enfrenta al medio y en que la percepción
y conductas típicas se traduzcan en un incremento de la satisfacción
personal.
Los rasgos de personalidad son patrones persistentes de formas de percibir,
relacionarse y pensar sobre uno mismo y el entorno, que se ponen de
manifiesto en una amplia gama de contextos sociales y personales. Sólo
al ser inflexibles y desadaptativos, y producir una significativa incapacidad
social, ocupacional o bien, malestar subjetivo, es cuando constituyen
un TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD.
Según el DSM-IV-TR (Manual Diagnóstico y Estadístico
de los Trastornos Mentales), el trastorno de personalidad es un patrón
permanente de experiencia interna y de comportamiento que se aparta
significativamente de las expectativas de la cultura del sujeto. Se
manifiesta en áreas relacionadas con la cognición, afectividad,
actividad interpersonal y control de los impulsos.
Se caracteriza por su inflexibilidad, extendiéndose a una amplia
gama de situaciones personales y sociales, provocando malestar significativo
o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la
persona. Estable y de larga duración, tiene su inicio en la adolescencia
o principio de la edad adulta.
Las personas con un trastorno de la personalidad, generalmente, no se
sienten ansiosos por sus conductas desadaptativas, ni perciben el dolor
que producen en los miembros de la sociedad debido a sus conductas.
¿ A que nos referimos cuando hablamos de trastorno de
personalidad ?
• Personas que padecen algún
tipo de trastorno de personalidad según los tipos establecidos
por el DSM-IV
• Muestran algún tipo de
incapacidad de larga duración que le impide desarrollar sus habilidades
ante ciertas actividades cotidianas y esta incapacidad para el cumplimiento
normal de un rol produce un nivel de funcionamiento deficitario.
• Presentan por esto mismo, un nivel
elevado de dependencia externa y necesidad de apoyo por parte
de otros.
• Alta reactividad al estrés,
lo que les impide afrontar y tolerar situaciones consideradas normales
para la mayoría. Esta sensibilidad especial al estrés
crea vulnerabilidad que les impide muchas veces enfrentar con éxito
las necesidades diarias de la vida y que cuando intentan hacerlo se
arriesgan a sufrir descompensaciones en su cuadro.
La propuesta de hacer un abordaje basado en el modelo de Rehabilitación
Psicosocial se fundamenta en la necesidad de encontrar tratamientos
eficaces, que hayan demostrado un buen funcionamiento y sean una respuesta
costo-efectiva para el problema con que nos encontramos.
Los problemas que suelen presentarse con las personas afectadas por
un trastorno de personalidad suelen ser:
- Recaídas periódicas con reingresos
( fenómeno de puerta giratoria)
- Tendencia a internaciones y tratamientos prolongados
más de lo estrictamente necesario desde lo clínico por
razones psicosociales.