.....OPINIÓN LA
SITUACION ACTUAL DE LOS TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD
Dr. Vicente Rubio Larrosa
Jefe del Servicio de Psiquiatria. Hospital Ntra. Sra.,
de Gracia.
Zaragoza.
Tras la celebración en Zaragoza, en
junio del pasado año, del V Congreso Nacional y VI Europeo sobre
Trastornos de la Personalidad, al que asistieron mas de 700 profesionales
interesados en el tema, podríamos afirmar que las expectativas
de futuro son favorables.
El que cada vez exista un mayor numero de facultativos
que abordan con interés y conocimiento de causa esta patología
es una buena noticia, tan solo hace unos pocos años podíamos
escuchar en algunos foros “científicos” que esta
patología no existía, actualmente nadie duda de su existencia
y de su gran incidencia en los recursos de Salud Mental.
Otro tema, este no tan favorable, es como se
esta planteando el tratamiento de estos pacientes.
Por una parte los recursos asistenciales pertenecientes
al sistema publico no contemplan dispositivos específicos que
traten a estos pacientes, bien son asistidos en consultas con escasa
disponibilidad de tiempo en las que no se puede abordar la complejidad
de estos casos o cuando precisan un ingreso este se les realiza en unidades
de agudos sin otro objetivo terapéutico que paliar la posible
tentativa suicida del paciente o contener los gestos impulsivos del
paciente en crisis sin otra actividad que la estancia pasiva en una
sala rodeado de pacientes con otras patologías que no facilitan
otra cosa que la “mimetizacion” de otros síntomas
que “enriquecen” a nuestros pacientes.
Por otra parte la asistencia privada se limita a consultas de psiquiatras
y / o psicólogos que cada uno por su cuenta no suelen tener una
idea clara del abordaje terapéutico global de estos pacientes,
los cuales se debaten entre la insuficiente toma de unos fármacos
que solo palian, en el mejor de los casos, algunos síntomas de
la enfermedad y entre la realización de numerosas sesiones de
terapias que, además de un generoso gasto para las familias,
a la larga rinden escasos avances terapéuticos.
En ambos sistemas esta el denominador común
de no trabajar conjuntamente con la familia o el núcleo de convivencia
del paciente, bien por el nulo enfoque holistico y / o sistemico del
problema, bien por una mal entendida privacidad de la problemática
del paciente.
Bien es verdad que en los últimos años
han surgido o van a instaurarse, tanto en el ámbito publico como
privado una serie de recursos globales de atención a pacientes
con trastornos de la personalidad, con hospitalización parcial
y / o total y un abordaje global del problema, aunque todavía
el numero de ellos es manifiestamente insuficiente y en las Comunidades
Autónomas donde no existen sus pacientes tienen un difícil
y burocratizado acceso a las que existen mediante la vía del
fondo de cohesión del sistema nacional de salud.
Desde estas paginas y así lo he manifestado
en múltiples foros y ámbitos, es imprescindible la creación
de Unidades y recursos específicos para esta patología,
es curioso como existen y se siguen creando recursos específicos
para conductas adictivas y para trastornos d la conducta alimentaria,
cuando una proporción elevada de pacientes con estas patologías
no son otra cosa que pacientes con un trastorno de la personalidad cuyo
carácter y temperamento enfermos les induce a consumir tóxicos
o tener una peculiar relación de amor-odio con la comida y su
imagen corporal.
En la reivindicación de una mayor dotación
de recursos juega un papel fundamental el movimiento social y asociativo
que tienen los pacientes y sus familiares mediante la creación
de grupos de presión, buen ejemplo de ello han sido los logros
conseguidos por las asociaciones de conducta alimentaria, antes citadas,
y en general todos los grupos encuadrados en FEAFES que han impulsado
la creación de recursos rehabilitadores, integradores y de concienciación
de la enfermedad mental en la sociedad española.
Ahora bien, hay que saber entender que las
asociaciones de familiares, fundamentalmente en sus inicios, están
formadas por un colectivo que su motivación es salir del desbordamiento
en el que se encuentran fruto de la grave problemática que atenaza
a sus familiares, con lo cual prima el interés de solucionar
el problema, “su problema” y eso lleva a problemas de relación,
prioridades y choque de intereses entre los socios ya que, comprensiblemente,
“su” caso, “su” problema es el mas importante
y el de mas urgente resolución y surgen los problemas de se “atiende”
mejor al que es hijo de un directivo, etc., etc.
Son imprescindibles, a mi opinión, las asociaciones de enfermos
y familiares, pero siempre y cuando tengan claro que las actuaciones
terapéuticas y de intervención las tienen que realizar
los profesionales de la asociación, sin interferencias por los
padres aunque estos sean la “empresa” y paguen a sus profesionales
contratados, los asociados deben mantener una prudencial distancia y
la oportuna supervisión de los proyectos terapéuticos
y rehabilitadores que se proyecten y planifiquen, los padres son padres
y los profesionales son profesionales, tener claros estos roles evitara
muchos conflictos.
Por otra parte la ya existencia de varias asociaciones
de familiares en todo el Estado hace oportuno ir planteando la creación
de una federación estatal que aúne los esfuerzos dispersos.